120 AÑOS SIN VINCENT. (ilustración: Retrato del Doctor Gachet).Recordando nuevamente al pequeño gran Vincent, una vez más, me tomo el permiso para publicar una nueva carta de las que un grupo de artistas y escritores realizaron para la revista española DESCUBRIR el ARTE, quien los convocó en el año 2003 para que le escriban unas líneas a Vincent van Gogh…
Mon cher Vincent
Creo que fue un error. Un error que te instalases en aquel cuarto sórdido de Auvers, que hiela el corazón a primera vista. Sobre todo porque venías del confinamiento del asilo de Saint-Paul, en Saint-Rémy-de-Provence. Un asilo de perturbados, para qué nos vamos a engañar, una casa de locos, una tortura para ti. Buscabas la libertad, la bonanza de los paisajes de Auvers-Sur-Oise, y vas a caer a ese cuchitril de la pensión Ravoux. Una habitación sin vistas, Vincent, con un ventanuco en lo alto por el que apenas entraba luz. Ningún especialista en tu obra, ningún psiquiatra moderno de los que te analizan a posteriori, nadie ha hablado de los efectos que las cuatro paredes agobiantes de un cuartucho siniestro pueden causar sobre una psique ya quebrada. Pero yo lo sé. No tuve más que poner un pie en tu habitación para saber que el último pensamiento antes de dormirte cada noche tuvo que ser de tristeza. Ese dormitorio, sin apenas espacio para dos sillas y una mesa, como el otro de Arlés, mucho más luminoso, que pintaste varias veces, está todavía impregnado de desesperación; una marca sombría que sigue allí, pero que debía estar cuando tú lo alquilaste para vivir en Auvers-Sur-Oise. Ya sé que fuiste a Auvers por indicación del doctor Gachet. Théo creyó que recobrarías la salud bajo sus cuidados, en aquel pueblo pintoresco y con las hermosas riberas del río para dar largos paseos y montar tu telas. Gachet era un médico con ideas originales, un homeópata de la época, tú lo pintaste con gorra de marinero y una planta medicinal llamada dedalera en la mano. Cuando lo conociste te pareció un tipo excéntrico, desconfiabas de su capacidad, escribiste a Théo: “Cómo me puede curar un médico que parece más enfermo que yo mismo”. Acabó siendo un buen amigo, pero tampoco supo decirte que aquel cuarto era un pozo sin fondo, un agujero negro para deprimirse y hundirse poco a poco en su opacidad. Entré sólo un segundo. Fernando y Ginette permanecieron allí unos minutos más. Yo no pude soportarlo. Me ahogaba, como adiviné que te habrías ahogado tú. Entonces lo supe. Recordé aquel otro piso interior de Madrid cuando casi me volví loca. Yo tampoco sabía que algunas personas no podemos vivir en habitaciones sin vistas. El pozo te traga sin que te des cuenta. Por eso, cuando este verano fuimos a rendirte homenaje a Auvers, cuando subimos las escaleras de la pensión Ravoux y tu pobre cuartucho nos llenó de angustia, yo hubiera querido despotricar y gritar, como se indigna en mi “Poeta sin párpados” Gustavo Adolfo Bécquer: “¡Maldita la suerte de los genios!” Quisiste salir a la luz amarilla de los campos de Auvers para morir a cielo abierto; en la naturaleza te descerrajaste el pecho, pero al final agonizaste en la oscura, en la estrecha habitación de la pensión Ravoux. Cuando Théo te decía que ibas a salvarte, tú le contestaste en francés: “La tristesse durera toujours”. Fue un error, Vincent. Nunca deberías haber alquilado ese cuartucho sin ventanas. Tenía ya la marca de la muerte.
Lourdes Ventura
Cartas a Vincent (Descubrir el Arte, marzo 2003, España)
(Aquí la carta publicada el año pasado)




